Algunos no tenemos tiempo para quejarnos.

Hoy vengo a ustedes inspirada por la bella Isabel, de Inhalando Líneas, quien nos trae una entrevista publicada en los cronistas titulada “Algunos no tenemos tiempo para quejarnos“. Yo personalmente, los reto a darle una ojeada y no sentirse parte; tanto si eres su protagonista, o alguno de los personajes que le dan vida a esta realidad en algún otro contexto (familiares, o nuevas amistades).

Felicitaciones a Isabel por tan especial trabajo, decididamente me conmovió y creo que era exactamente el tipo de emoción que ella esperaba despertar con este proyecto en particular. Me quito el sombrero.

Dicho esto, hay una cuestión a la que no me termino de acostumbrar siendo una inmigrante más. Algo que a lo largo de mi vida he visto en los lugares que he visitado y hace que el ambiente (fuera victimizaciones y exageraciones, ya saben que no me va) no se sienta del todo ligero. Nací en la Venezuela próspera, de la que aprendí a creer en un país de mujeres. Así es, Venezuela es un matriarcado. Era mucho más común de lo que se imaginan que las decisiones principales de un hogar fueran tomadas por una mujer, el empoderamiento de los 90’s nos cayó de maravilla. Tierra de mujeres trabajadoras que se movían cielo y tierra para sacar adelante a sus hijos, haciéndolos personas de bien. Crecí en la Venezuela en que las madres criaban a sus hijos varones con la premisa de “a la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa“; y una vez más me hago entender, no vengan con esas estupideces de “que porque el hombre es más fuerte” o lo que sea porque esto va más allá. Cualquiera que haya sido criado en Venezuela entiende que esto se trata más de una especie de devoción, amor e idolatría.  Claro está, y siendo sinceros, la situación políticosocial y el desastre de país que tenemos ahora poco tiene que ver con el sentido o sin sentido de lo que quiero expresar.

A lo que quería llegar con esa simpática introducción, era que más de una vez he sentido desde que salí de mi país (y esto sí no sé muy bien de qué manera describirlo), una especie de condescendencia por parte del sexo masculino. Más bien como una actitud de defensa cerrada en la que los hombres tratan a las mujeres, y me refiero desde mi experiencia personal y la que he podido observar, como “no te digo porque no vas a entender porque eres mujer y eso va más allá de tu entendimiento“. En muchos es una actitud, a otros se los he escuchado incluso “qué vas a saber tú que eres mujer“. No les miento, me quería morir. Todo lo contrario a lo que había estado acostumbrada a vivir en mi vida pasada. Supongo que ahora entienden un poquito más a lo que me refería en Las caras del éxodo cuando dije que me sentía en la dimensión desconocida. Y no, no me malinterpreten, ya se los dije, vengo de un matriarcado, poco tengo que hacer criticando esto más que buscar cambiarlo, al menos en mi ámbito.

Los voy a dejar con esta ilustración que me hizo mi amiga Vanessa, de Los lunes perros, que no había tenido oportunidad de compartir con todo el rollo que ya ustedes saben de que la app de android es una mierda y todo eso.

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Paula

P.D: será una historia para otro día cómo contradice la actitud de estos hombres que mencioné anteriormente cuando se aproximan a una mujer con otras intenciones. Hace que el cuento de un giro. Como siempre, un gusto compartir con ustedes.

P.D2: Acuérdense de revisar la entrevista de Isabel. Les prometo que está buenísima.

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Author: paulaimantada

Amante de la lectura, las buenas conversaciones, y de expresarme mediante la escritura. instagram: @paulamilnem

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